RELATO (1): El gato de Cheshire [#EWonderland]

27/4/15

¡Hola a todos!
Con esta entrada, seguimos con el especial Alicia en el País de las Maravillas. Esta vez os raigo un relato que escribí para una antología, pero por mala fortuna el proyecto no funcionó, pero me viene de perlas para este mes, así que quería compartirlo con vosotros, así que espero que os guste.

Recordad, que si queréis comentar algo sobre estas entradas, podéis utilizar el hashtag #EWonderland (Especial Wonderland).

Así que, vamos allá:


─Minino de Cheshire ─empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este cariñoso tratamiento; pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba─. Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
─Eso depende, en gran parte, del sitio al que quieras llegar –dijo el Gato.
─No me importa mucho el sitio… –contestó Alicia 
─Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes –dijo el Gato.
─ … siempre que llegue a alguna parte –añadió Alicia como explicación.
─¡Oh, siempre llegarás a alguna parte –aseguró el Gato─ , si caminas lo suficiente!
Cheshire se fijó en sus ojos, esos que albergaban tantas locuras, el reflejo de un alma de pura alegría. 
 Y en sus manos, esas que habían acariciado su ahora translucido pelaje. Junto a sus labios, que tantas historias le habían contado.
No obstante ella no lo sabía, no lo recordaba, pues era muy pequeña para hacerlo.
Una extraña amistad entre animal y humano, extraña, y ¿cómo llamarlo? Loca, chalada, chiflada, lunática, majara, ida, alocada… perturbadora.
Alicia tenía una gran obsesión con las plantas, y los animales;  al menos, cuando era pequeña. A veces, el gato creía que a la muchacha le gustaban tanto, que incluso creía que estas le hablaban, y ella, alegremente, les contestaba; incluso, en ocasiones, les ponía nombre. “Buenos días Margaret ¿Qué tal está?” preguntaba ella al jazmín más hermoso del  jardín de su vecina, una mujer de pelo oscuro y corazón rojo como la sangre. “¿Me estás hablando tú, muchacha engreída? Que crees, ¿Qué porque eres más inmensa que yo debo temerte? No lo creas así, pues algún día las cosas cambiaran” contestaba día tras día la flor. Pero Alicia no se cansaba, no dejaba de preguntarle a la ridícula y cargante planta, pues sabía que se comportaba así porque así había nacido y crecido, y que si no cambiaba era porque no quería. Sin embargo, un día, Cheshire, cansado de la engreída respuesta que recibía siempre la pobre Alicia arrancó todas y cada una de las flores del jardín de la vecina de Alicia, estropeando todo a su alrededorcésped, arena, y vidas.
Pero las plantas no eran los únicos seres con los que Alicia recibía conversación. También había una oruga, a la cual solía llamar Absolem. Siempre la encontraba en el mismo lugar, sentado encima de la seta tras el olivo.
─Oh querida Oruga…¿Suelen las flores comportarse siempre de tal manera? ─preguntó Alicia a la azul y verde oruga.
─¿Cuál manera? ─contestó ella, moviendo sus pequeños labios, como si de fumar se tratara─. Yo no lo veo.
─Esa manera en la que se comportan conmigo si…. –La oruga le hizo callar con un chistido.
─¿Quieres decir que solo le hablan a usted así?
─Pues verdaderamente no lo sé, pues nunca las he visto hablar con nadie más.
─Entonces no es solo contigo…o ¿acaso los pájaros se comportan igual que sus huevos?─cuestionó la Oruga, dejando a Alicia desconcertada.
─No, aunque ¿eso que tiene que ver con el comportamiento de esas flores?
─El comportamiento no es algo que se tiene, es algo que se consigue. Veo que a usted señorita, no le interesa, pues sé que es humana. Y a los humanos les importa más tener, que ser.
─Ojala fuera como tú –deseó Alicia tras un silencio.
─¿Cómo yo?
─ Sí, como usted.
─Oh, no señorita, no me gustaría que fuese como yo¿Cómo sabría quién es usted, y quien yo?
─No me entiende, querida Oruga, me refiero a su estatura, su medida.
─Oh, querida, es usted la que no me entiende a mí.
─Sí que la entiendo, querida Oruga.
─O no, no lo hace, y no lo niegue. Pues lo sé.
─Sí que lo hago.
─Hay muchos peces que creen volar, más lo único que hacen, es salir a la superficie un par de dedos ─dijo Absolem, desapareciendo en lo que parecía ser una nube de humo.
Alicia, cansada de estar fuera, decidió entrar en su casa y tomar un té. Así lo hizo. Cogió una de sus tazas y se echó todo lo que pudo, para después sentarse en la silla de la cocina asombrada por el gran día que hacía. Dio un largo trago, mientras cerraba sus ojos para sentir el calor de la bebida. Pero escuchó un sonido mecánico, y al abrir los ojos para saber qué había producido tal ruido percibió una sombra entre los platos en mármol de la cocina. Intentó ir hacía donde creía que provenía el sonido, sin embargo no vio nada, giró la cabeza a sus dos lados, y tras la puerta, divisó lo que parecía ser una bolita blanca y muy esponjosa, y se dispuso a seguirla. Pero no pudo. Salió de casa y siguió las patas para ver a la cosa, y observo a un conejo saltar a un agujero en el suelo, una madriguera, y seguramente, juraría, que aquel animal, llevaba un reloj. 
Tras unos días, la vecina malvada había visto las flores de su jardín, pisoteadas y esparcidas, como si de hojas secas se tratase. Enfadada, cruzó su jardín, y fue hacía el que ella creía ─y era realmente─ el causante de la muerte de sus preciadas plantas. Con cuchillo en mano, alzó sus brazos sobre el Gato y su cabeza cortó, decapitándolo irremediablemente. Pero el gato giró su cabeza, y con sus últimas fuerzas, sonrió a la vecina, con la más grande de sus sonrisas, para dedicarle un gran “adiós”, o mejor dicho, un “hasta luego”.
─¿Qué clase de gente vive por estos parajes? ─dijo Alicia, devolviendo a Cheshire a la realidad o a la ficción¿quién sabe? 
─Por ahí –contestó el Gato volviendo una pata hacia su derecha ─, vive un sombrerero; y por allá –continuó volviendo la otra pata ─, vive una liebre de marzo. Visita al que te plazca: ambos están igual de locos.
─Pero es que a mí no me gusta estar entre locos –observó Alicia.
─Eso sí que no lo puedes evitar –repuso el Gato─: todos estamos locos por aquí. Yo estoy loco; tú también lo estás.
─Y ¿cómo sabes tú si yo estoy loca? –le preguntó Alicia.
─Has de estarlo a la fuerza –le contestó Cheshire─, de lo contrario no habrías venido aquí.
─¿Y cómo sabes que tú estás loco?
Y entonces, el gato, le sonrió. Como tantas veces hacía.
Porque a veces una sonrisa, podía llegar a ser más terrorífica que mil rugidos.



***

¿Que os ha parecido?¿Os gusta como escribo?¿Queréis que suba más relatos? Contadme.

1 comentario:

  1. Hola! Me ha gustado el Especial de Alicia y el pais de las maravillas.. Espero que sigas escribiendo cosas como estas. Animo :)

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Pues bueno, esto es el texto donde todos los blogs tienen las normas...pero es que eso es aburrido ¿verdad? Este blog también las tiene, pero supongo que ya las sabes, a de más aunque las ponga, nadie les va hacer caso.....¿enserio? ¿Todavía estas leyendo esto? ¿No tienes mucho que hacer verdad? Bueno, me alegro de ello...pero están los libros, coge uno y ponte a leer, luego, vienes y me comentas que te parece, eso sí, sin spoliers ;)